" ― Límpialo, ¿sí? ― Le pide.
Wiress asiente y corretea hacia la orilla, donde mete el rollo en el agua. Empieza a cantar
en voz baja una cancioncilla divertida, sobre un ratón corriendo por un reloj. Debe de ser para
niños, pero parece alegrarla.
― Oh, la canción otra vez no. ― Dice Johanna, poniendo los ojos en blanco. ― Eso siguió
horas y horas anoche antes de que empezara con el tictac.
De repente Wiress se yergue muy derecha y señala a la selva.
― Dos. ― Dice.
Sigo su dedo hacia donde la pared de niebla acaba de empezar a extenderse hacia la playa.
― Sí, mirad. Wiress tiene razón. Son las dos en punto y ha empezado la niebla.
― Como un trabajo de relojería. ― Dice Peeta. ― Fuiste muy lista por averiguar eso,
Wiress.
Wiress sonríe y vuelve a cantar y a remojar el rollo.
― Oh, es más que lista. ― Dice Beetee. ― Es intuitiva. ― Todos nos giramos hacia Beetee,
que parece estar volviendo a la vida. ― Puede sentir cosas antes que nadie más. Como un
canario en una de vuestras minas de carbón.
― ¿Qué es eso? ― Me pregunta Finnick.
― Es un pájaro que llevamos abajo a las minas para avisarnos de si hay mal aire. ― Digo.
― ¿Qué hace, morir? ― Pregunta Johanna.
― Primero deja de cantar. Es entonces cuando deberías salir. Pero si el aire es muy malo, se
muere, sí. Y tú también. ― No quiero hablar de pájaros cantores muriéndose. Traen recuerdos
de la muerte de mi padre y de la muerte de Rue y de la muerte de Maysilee Donner y de mi
madre heredando su pájaro cantor. Oh, genial, y ahora estoy pensando en Gale, allá en la
profundidad de esa horrible mina, con la amenaza del Presidente Snow pendiendo sobre su
cabeza. Tan fácil hacerlo parecer un accidente allí abajo. Un canario silencioso, una chispa, y
nada más."
Los Juegos del Hambre: En llamas.